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viernes, julio 09, 2010

La insoportable levedad del Ser

La casera nos recibió en la puerta con un impostado saludo en francés acompañado de una forzada sonrisa, propia de gente orgullosa que en un tiempo fue alguien pero que por circunstancias de la vida, ahora debe sobrevivir y para ello ha de ser servicial pero sin parecerlo. Nos hizo entrar en su casa y nos condujo directamente a un salón mal iluminado, nada extraño dada la potencia eléctrica existente en el país.

Entonces empezó el examen- ¿Dónde vivían ustedes antes de estar en Ashrafiye?- soltó, mi cabeza rápidamente recordó la calle Hamra y el barrio suní donde habíamos vivido tan felices hasta ahora- Vivíamos en Ashrafiye también, cerca de la rue Damascus, como españoles y católicos es donde nos encontramos más cómodos- respondimos, empezaba el juego del gato y el ratón- Eso es cierto, aquí en este barrio todos somos buenos cristianos y todos nos conocemos- sonó a inquietante aviso para navegantes- Eso nos gusta y nos reconforta pues nos hace sentir como en casa- Mentira, si hubiésemos querido sentirnos como en casa nos habríamos quedado en Barcelona.

Ella vio que el terreno era propicio y creyó que jugaba en campo amigo, entonces decidió mostrarnos sus principios- Si, aquí se vive muy bien, no como en otras partes de Beirut, aquí todo está limpio, no como en otros barrios- faltó añadir musulmanes, pero claro, entre “amigos” sobran los detalles - ¿Conocen el Líbano?- nos preguntó- Un poco, queremos ir a Damasco- Mentimos pues conocemos mejor Damasco que Jounieh, fue entonces cuando decidió ofrecernos su imagen de mujer de mundo viajada, tolerante y cosmopolita- Se lo recomiendo, yo he estado una vez, allí hay mucha historia, más piedras quiero decir, fuimos con un tour organizado, nunca vayan solos, pueden ser raptados por cualquiera- sentenció - Así lo haremos Madame, muchas gracias por su consejo-dijimos mientras recordábamos los taxis colectivos que habíamos compartido con Sirios y Chiítas camino a Damasco. Reparamos que su hija se había unido también al examen de manera silenciosa y vestida para la ocasión: minifalda negra, corta incluso para un burdel del barrio de la Boca, y con un top negro con escote “palabra sin honor” que mostraba sin tapujos la silicona recubierta de carne.

Entonces pensé que para estos cristianos la fe no era una más que una señal de identidad, y el pecado de la lujuria un artificioso y banal relleno de pechos.

martes, junio 29, 2010

El discreto encanto de Ashrafiye

Tiempo de cambios. La presión del precio de los alquileres en el barrio en el cual vivíamos, Hamra, nos ha forzado a buscar apartamento en otro lugar de la ciudad, Ashrafiye, el barrio cristiano que se encuentra en lo alto de una colina tal como su nombre indica: Ashrafiye, la colina de las palomas. Este desorbitado aumento del precio de los alquileres está relacionado con la llegada del verano y por ello con la afluencia masiva de turistas provenientes del Golfo. Como ya dije en anteriormente, estos turistas vienen a Beirut buscando la relajación de costumbres que no tienen en su país, aprovechar la frívola y nocturna vida de la ciudad, sus clubs, sus playas…para ser más exactos: para beber y fornicar, y es que ya lo decía aquel poeta embajador en Beirut “ Hay ciudades que tienen nombre de prostituta oriental”.

Cambio de barrio y cambio de entorno sociológico. Vivir en Ashrafiye es como haber cambiado de ciudad con respecto a Hamra u otros barrios de Beirut, el francés predomina por encima del inglés, las costumbres son distintas, si Hamra es más marítima y en cierto modo más cosmopolita a la vez que oriental, Ashrafiye superficialmente, tiene mucho de Europa: sus pequeños comercios de barrio especializados, sus costumbres occidentales, su manera de vestir, sus restaurantes y sus domingos de tiendas cerradas. Una mala copia de alguna aburrida ciudad belga. Pero como he dicho es algo superficial, pues a poco que indaguemos nos encontraremos con el atávico sustrato árabe, por mucho que lo traten de esconder bajo capas de maquillaje, operaciones de cirugía estética y cogorzas etílicas.

Por todo ello, para los occidentales como nosotros, este barrio reproduce mucho del lugar de donde venimos, por lo tanto la vida aquí es aparentemente más fácil pues responde mejor a las necesidades que traemos de nuestros lugares de origen, así lo debe ver también la Unión Europea, que recomienda a sus trabajadores desplazados en Líbano vivir aquí. En esta decisión también hay un elemento de seguridad nada baladí: los barrios cristianos tradicionalmente no suelen ser bombardeados por los Israelíes, pues no hay que olvidar que antaño, en la guerra civil, fueron aliados. Los palestinos refugiados en los campos de Sabra y Shatila al sur de la ciudad tienen un recuerdo imborrable de aquella alianza. Como viene siendo habitual en esta voluble parte del mundo, esto ha cambiado y no todos los cristianos son proisrael o antisiria.

Escribo sentado en la terraza de mi nuevo apartamento, en una barriada tranquila donde el constante pitar de los coches queda amortiguado por el sonido de las campanas, desde donde puedo ver la tienda de carrinclona moda de la esquina con un sugerente rótulo francés que trata de evocar el rancio aroma del buen gusto parisino, vecino a ella se encuentra el boulanger que vende prototipos de baguettes, más gomosas y menos crujientes que las originales y enfrente está la charcuterie dónde podemos encontrar los productos de primera de necesidad para el hogar, eso sí con un adolescente sirio que te los lleva a domicilio. Bye Hamra, Bonjour Achrafiye.

lunes, marzo 08, 2010

Primeras impresiones...


Tras los primeros días de sorpresa e impacto, poco a poco la ciudad se revela como un microcosmos rico y exuberante a los ojos del occidental recién llegado y acostumbrado a la cómoda y previsible vida de Barcelona. Nuevas formas de convivencia, nuevos olores, nuevas religiones…que en el fondo, y con el paso de los días, no percibimos como tan lejano, más bien al contrario, nos vincula a algo común que nos une de manera subterránea, sutil.

Es una manera de vivir, sensual y hedonista, meridional y mediterránea, no ajena a nuestra cultura, pero que quizá nosotros hemos escondido bajo capas de civilización e influencia del norte de Europa.

Beirut en su conjunto, es el reflejo de las diversas comunidades que la conforman: es totalmente fragmentada y no existe transporte público, debes de moverte en taxi a todas partes…o a pie. Cada barrio tiene su propia dinámica y responde a la comunidad religiosa que lo habita, ignorando a sus vecinos.

Por ejemplo Achrafieh, en el mítico Beirut este, es cristiano y la gente trata de hablar sólo en francés para distanciarse de los musulmanes, que hablan en su mayoría arabe o inglés. Quizá tiene un carácter más parecido al europeo, y por ello más aburrido para nosotros. Es quizá la parte de la ciudad que se mantiene mejor, quedan más casas de estilo otomano sin derruir, aunque muchas en un estado bastante lamentable. A veces parece una mala copia de una aburrida ciudad belga, con sus monsieurs volviendo a casa para la hora de la comida con su baguette bajo el brazo.

Más ejemplos: Escribo sentado en una tranquila terraza del barrio de Hamra, el bullicioso y popular barrio de servicios que se potenció, casi por necesidad, durante la guerra civil que arrasó el país en la década de los 80. Aquí uno descubre el sincretismo cultural de lo que debe ser el oriente levantino, nuestro confín del Mediterráneo. Aunque en esencia y por ubicación musulmán, pocos barrios en Beirut acumulan tanto en tan poco espacio, quizá por su carácter de zona franca, de centro "oficioso" en oposición al centro oficial, el centre ville reconstruido por la empresa SOLIDERE, de capital Saudí y Libanés y que tan pingües beneficios reportó a la familia Hariri.

Por lo tanto Beirut es un mosaico de comunidades, exótico y explosivo. Según algunos autores la identidad del libanés no es el Líbano, sino su comunidad. Un residuo del antiguo imperio Otomano, pero sin Sultán y en un territorio no más grande que Asturias. Aunque quizá sea justamente la inestabilidad social, el complejo equilibrio entre comunidades y religiones, lo que mantiene y potencia ese ansia por vivir el momento, eso que la hace tan atractiva.